En un rincón apartado de la selva, donde los árboles se alzan como guardianes de secretos milenarios, dos criaturas, aparentemente opuestas, se encontraron una tarde de verano. El sol se deslizaba suavemente entre las hojas, y el aire estaba impregnado con la frescura de la naturaleza. Era un encuentro que se podría decir estaba destinado a suceder. El pájaro, símbolo de libertad y conocimiento, se posó sobre una rama alta mientras la serpiente, astuta y profunda como la tierra misma, se deslizaba entre las raíces. El pájaro, con sus plumas…
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